Y en este tiempo
que me tomé no deje de maquinar, pensar y formular un montón de cosas en mi
mente sobre mi, mi vida y todo en general. Comprendí que la vida te da muchas
oportunidades y no importa cuantas veces fracases, siempre habrá algo nuevo que
te hará olvidar. Entendí que la vida te presenta muchas personas pero que no
todas te pertenecen, no todas van a estar ahí siempre, a tu par, batallando la
incesante guerra que es la vida. La vida te da muchas personas, pero así como
te las ofrece te las arrebata sin previo aviso. Dicen que no hay que volar muy alto porque la caída dolerá más.
Perdí mucha gente
en el camino y tengo mucho miedo. Cada vez que mi mente empieza a maquinar como
loca imagino cosas que jamás habría pensado crear o intentar. No puedo imaginarme
una vida sin mis amigos o mi familia. La idea de pasar toda mi vida sola es
aterradora, y –sin embargo- así es como me siento miles de veces. El vació en
mi interior, el dolor punzante en el pecho, el hecho de sentirme la persona más
solitaria en el mundo. En este tiempo que no estuve haciendo nada por mi más que gastarme noches y días enteros en llorar y derramar interminables lágrimas de dolor y pena, comprendí más cosas de las que nombro.
Las personas con las que menos momentos compartí, aquellas con las que casi no tengo unión o personas que jamás vi en persona, fueron aquellas las que me escucharon y aconsejaron. Hasta la persona que creí que más dolor había causado en mi interior y más me había decepcionado me soporto. Y ahora, mal que me pese, es demasiado tarde.
-No entiendo porque te seguís castigando. –mascullo, con el ceño fruncido, algo harto de escucharme mal.
-Todo es mi
culpa. –le expliqué- Descuide mi vida.
-Y acá estoy yo
para devolvértela. –dijo, tomándome por los hombros, y estrechándome en un
fuerte abrazo.
-No quiero
llorar. –susurre, en sollozos, mientras las lágrimas volvían a escapar de mis
ojos.
-Entonces no lo
hagas. –dijo separándome un poco de sí, para secarme las mejillas- Tienes que
poder cambiar de página vos misma.
-Pero lo que
quiero es cerrar el libro. –me quejé, revolviéndome en sus manos, intentando
escapar.
-Entonces
ciérralo, y empieza uno nuevo. –murmuro, tomándome con más fuerza.
-Necesito tu
ayuda.-le rogué- Quiero que seas el protagonista de mi próximo libro.
Sus labios se
tornaron en una media sonrisa, provocando que mi corazón me diera una punzada
enorme en el pecho y me estremeciera de dolor.
-No tenías que
pedírmelo. –su rostro se acercó al mio lo suficiente para poder unir sus labios
con los míos.
Pude sentir una
vez más aquel dolor en mi pecho, justo en el corazón. Y por primera vez,
después de casi medio año, sentí un dolor
diferente y bueno. No hubiera
imaginado jamás el final y comienzo de
una nueva historia de esta forma. Lo
amaba tanto que dolía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario