sábado, 7 de julio de 2012
Cerré los ojos y me deje ir. Me desconecté del mundo y deje que todo lo que tenía que pasar simplemente pasara. Estaba harta de la gente y de la manía que tenían de querer caerles bien a todo el mundo. Sentirse querido no tiene comparación, pero no creo que fingir ser algo que no sos valga la pena. A veces pienso que soy extraña al resto, diferente al extremo y, notablemente, una total incomprendida. Hago cosas que nadie hace, creo en cosas que nadie cree y me gustan cosas que a nadie les gusta. Tengo una forma de pensar diferente, y -a mi parecer- eso es lo que me hace persona. Cada uno decide cómo vivir y que estilo de vida quiere. Por mi parte escogí esta y, sí, hay momentos en los que estoy en desacuerdo. Tengo problemas conmigo misma, y tengo bastantes problemas como para estar ocupandome de otros. Y aún así lo hago. Detesto que me halaguen pero a veces esas cosas te dan un empujón, te incentivan. Tengo miedo que por ayudar crean que quiero agradar. Odiaría que confundieran mis acciones con sus pensamientos, porque, seamos sinceros, siempre le buscan el pelo al huevo. Siempre digo que tengo muchos amigos, por suerte, y la verdad lo creo así. Tengo compañeros de curso con los cuales comparto cosas, secretos y risas; por tal motivo entran en mi categoría de amigos. Mas al momento en que realmente uno necesita algo, solo una persona aparece. No quiero reprochar ni criticar nada. Como ya dije es decisión de ellos si ayudan o no, ellos lo eligen así.
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